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CINE: Mercedes Morán seduce a Biarritz como la mujer libre que acompañó a Neruda

La actriz argentina sedujo al público del Festival de Biarritz con su interpretación de Delia del Carril, una aristócrata libre y moderna que acompañó -sin ser tenida en cuenta como la artista plástica que era- al poeta y político comunista chileno Pablo Neruda, vínculo especialmente lúdico que revive en “Neruda”, la película de Pablo Larraín que compite por el premio principal del certamen francés.

“Haber sido convocada a esta película fue una salvación. Interpretar a un personaje real te genera mucha responsabilidad, pero en este caso me sentí muy liviana porque se trataba de un producto de la fantasía y la imaginación. Me ayudó mucho el espíritu de liviandad, para nada solemne, que se vivía en el rodaje”, afirmó Morán.

“Yo construyo mucho mis personajes a través del vínculo con los otros actores. Creo que en la vida somos en gran medida los vínculos que tenemos con los demás. Y acá me encontré con este actor fantástico que es Luis Gnecco, con quien pudimos establecer un vínculo muy rápidamente, como si nos conociéramos de toda la vida”, recordó la talentosa actriz de “La ciénaga”, “Los Marziano” y “Betibú”.

Anteojos negros, pelo corto y rubio, Morán recibió a Télam en el hotel ubicado frente al mar donde se hospeda, poco antes de partir hacia Madrid y luego a Buenos Aires, donde se despedirá -antes de una gira internacional- con una última función de su unipersonal “Ay amor divino” y preparará los personajes que interpretará, respectivamente, en la nueva película de Ana Katz y en la ópera prima de la joven actriz y directora María Alché.

En el último largometraje del autor de “No” y “El club” (dos filmes que le gustaron especialmente y que la decidieron, entre otras cosas, a aceptar el papel), Morán encarna a la artista plástica argentina Delia del Carril, la segunda esposa de Neruda, a la que ella definió como “una aristócrata muy moderna para su época, invisibilizada por la historia y sus propios parientes, que la consideraban la oveja negra de la familia”.

Con la descollante interpretación del chileno Gnecco como Neruda, la nueva película de Larraín, que además se realizó con fondos de Argentina, España y Francia, transcurre en 1948 en un Chile directamente afectado por el conflicto entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), más conocido como Guerra Fría, contexto en el cual el Partido Comunista debió pasar a la clandestinidad.

“Ella fue quien convirtió a Neruda al comunismo y lo relacionó con la élite intelectual de la época, además de ayudarlo codo a codo a escribir su obra 'Canto General' (publicada en 1950)”, afirmó sobre su importante papel en esta coproducción donde Larraín construye una relación imaginaria entre el gran poeta chileno y un policía interpretado por el mexicano Gael García Bernal, que lo persigue en plena proscripción política.

Para Morán, “los personajes que existieron de verdad siempre te plantean un desafío extra. Sobre todo aquellos que son más o menos contemporáneos, porque uno intenta hacerles justicia. Yo empecé a interiorizarme sobre Delia y me fascinó tanto -confió- que me enamoré de ella. Larraín quería ponerla en el lugar de importancia que tenía para Neruda, y eso me pareció valioso, porque le hacía un poco de justicia”.

Morán recordó que Larraín “estaba muy inspirado y eso se siente a la hora de filmar. Proponía juego todo el tiempo. Por ejemplo, cuando un texto que en otra situación podía ser dramático, como en el momento en que Neruda y Delia se enteran que tienen que fugarse, él me marcaba la actuación como si se tratara de algo divertido. Creo que eso ocurría porque ellos eran personas muy lúdicas y divertidas”.

“Eso aleja a la película de la típica biografía tradicional, y al mismo tiempo revela a un Neruda mucho más contradictorio y gobernado por su ego. Es un hombre que, consciente de su posteridad, la va armando, la va construyendo. Y pone su vanidad y ego enormes más allá de su talento. Eso era desacralizar a Neruda y suponía un gran riesgo para Larraín”, opinó.

En ese sentido, Morán sostuvo que “un director debe arriesgar siempre y él salió airoso de todos los desafíos a los que se enfrentó en su afán de quitarlos de una zona heroica o solemne. Pablo tenía un concepto bastante lúdico de esta película y construyó una comedia poética con humor muy sutil, en la que ellos eran una especie de 'rockstars' de la época, con mucho de superficialidad por su estatus de celebridades”.

Por otra parte, Morán agradeció haber trabajado con Gnecco, porque “es un actor que me hizo todo muy fácil. Nos entendimos como si nos conociéramos de toda la vida. Fue un rodaje duro, por el frío y la geografía en la que filmamos, pero al mismo tiempo fue muy placentero. Todo el tiempo la sensación era la de estar en un set lleno de magia”, dijo.

Si bien se prepara para la última función en Buenos Aires de “Ay amor divino” en el Teatro Maipo, antes de iniciar una gira por el interior, Montevideo y Madrid, la actriz está concentrada en la nueva película de Ana Katz, “Viaje Florianópolis”, donde compondrá un matrimonio en crisis junto a Gustavo Garzón, durante un viaje de vacaciones a Brasil en los años 90, “esa fantasía de libertades, deshinibiciones y alegría brasileña”.

Además, se prepara para protagonizar la ópera prima de la actriz y cineasta María Alché (autora de los cortometrajes “Noelia” y “Gulliver”), con quien compartió el elenco de “La niña santa”, de la salteña Lucrecia Martel, y después de muchos años sin verse la encontró “transformada en una escritora y directora, con un guión realmente fantástico”.

“Creo que María es una gran discípula de Martel y en su primera película voy a interpretar el papel de una mujer que está atravesando días difíciles, después de haber perdido a su hermana. Es una historia sobre ese estado alterado por un tipo específico de pérdida y sobre cómo a partir de una desgracia se enrarecen todos los vínculos”, adelantó.

Fuente: Telam.

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